Tras el crimen de la estudiante Paulina Lebbos, perpetrado en 2006, los tucumanos no sólo se acostumbraron a la "Ley de las 4 AM". También se hizo habitual el uso de una palabra en inglés que hasta antes del crimen casi ni se pronunciaba en estas tierras: el after.

Estas fiestas clandestinas generan preocupación entre las autoridades del Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo. "Hay un alto acatamiento de los boliches que cumplen con el horario de cierre a las 4 de la mañana. Pero los chicos no quieren ir a sus casas; es como que algo les falta y se van a los after", explicó Clara Tapia, interventora del instituto. "El tema es que se hacen en lugares peligrosísimos, sin ningún tipo de seguridad, sin habilitación y en zonas periféricas y muy riesgosas. Hasta nosotros quedamos expuestos, pues a veces nos arrojan piedras e incluso escuchamos tiros", agregó. Según Tapia, es muy importante que los padres sepan a qué lugares van sus hijos.

A casi cinco años del decreto, los jóvenes aún van a la zona de El Abasto, donde Paulina abordó el remise. Allí, le contaron a LA GACETA sus sensaciones. "No ha cambiado mucho la situación. Sigue igual que siempre", dice Daniela García, de 25 años, a quien la asaltaron en el último año y hasta chocó con su moto. "Era mejor que cierren de día; al menos había transporte público" dijo. Romina tiene 24 años, es promotora y comparte esa opinión: "ahora se toma alcohol más rápido, volando, antes de que sean las 4". Y recomienda, a las chicas especialmente, quedarse con sus amigos y no recibir tragos de extraños. "Y si te vas sola, confirmá que llegaste bien a tu casa", sugirió.

Andrea, de 18 años, es de Buenos Aires y vino a visitar a su novio. "Acá me da más miedo que en Quilmes o en Capital Federal, que es donde salgo; quizá sea porque no conozco, pero veo mucha más droga que allá", añadió.

Según Héctor, de 22 años, hay dos escenarios posibles en la noche tucumana: "si está la Policía, es porque hay descontrol, peleas y muchos borrachos. Si no, aparecen los chorros". A él lo asaltaron tres veces el año pasado a la salida del boliche en la zona del Abasto. "Se va la Policía a las 5 y salen a chorear y la gente sigue en la calle", dice Nicolás Salas, de 20 años. "Como no se consigue nada cerca, la gente va a los after en zonas cada vez más feas y con menos policías", remató.